jueves, 2 de abril de 2009

Vida de Zordan Colt (III)

Partimos siguiendo la ribera del río. Los magos cargaban con sendas cajas de madera lacadas en negro marcadas con distintos símbolos arcanos, parecían pesar bastante y las llevaban bien aseguradas a la espalda con correas. Caminamos durante un largo trecho, hasta que llegamos al linde de la zona arbolada. Los magos empezaron a leer pergaminos y a conjurar sortilegios en algunos de los árboles por los que pasamos. Si el plan funcionaba y los orcos pasaban por aquí estos árboles estallarían en llamas. Llegamos hasta la primera columna de piedra sin muchos problemas y los magos comenzaron a trabajar. Abrieron una de las cajas que llevaban y sacaron una tierra negra que esparcieron por toda la base de la formación rocosa, después dispusieron las piezas de la caja con los símbolos formando una cruz y recitaron un conjuro.
Tardaron mucho rato y los hombres empezaban a ponerse nerviosos. Para pasar a la otra columna de piedra, mas al sur disponíamos de la alta vegetación y la bruma que se había levantado del río, pero esa neblina no duraría eternamente, de hecho desaparecía a ojos vista conforme avanzaba la mañana. El camino hacia el sur fue mas complicado, podíamos oír a los orcos a pocos metros de donde estábamos y nuestro objetivo parecía inalcanzable, íbamos casi arrastrándonos, metíamos hierba húmeda en los huecos entre las placas de la armadura para que no hiciese ruido al caminar.

Cuando ya veíamos la base de la pequeña colina escuchamos voces orcas mas cercanas y nos quedamos quietos. Creo que alguno de los soldados intento dejar de respirar. Las voces se acercaban mas y no podíamos distinguir de donde procedían. Yo maldecía en silencio viendo tan cercano nuestro objetivo. Devrin desenvainó con sumo cuidado una de las espadas largas que llevaba, apenas se escucho el susurro del acero, pero se hizo un silencio gélido que nos congelo a todos en el sitio. Escuchamos los pasos acercarse pesadamente pero con cautela. Desnudé mi acero y los soldados siguieron mi ejemplo, los magos se tiraron al suelo, estaban en el centro de la formación de modo que no corrían mucho peligro de recibir un ataque directo. Devrin me hizo un gesto con los dedos, cuatro orcos se dirigían hacia nosotros desde el este, intentaríamos hacerles pasar de largo y matarlos en silencio. Indique a los soldados que se tumbasen y pusiesen sus armas en posición. Los orcos nos vieron antes de poder intentar escondernos, el primero que nos avisto intento darse la vuelta para gritar, pero la hoja de Devrin emergió de su pecho salpicando la hierba de negra sangre. Lo demás paso muy rápido. Al vernos descubierto di la orden de correr hacia adelante, para cuando los soldados se levantaron y los orcos se dieron cuenta de lo que pasaba ya solo eran dos, pues un segundo cadáver yacía en el suelo con la garganta seccionada. Mi espada se encontró con la armadura de cuero de uno de los orcos pero con un segundo empuje la atravesó y deshinchó un pulmón del desdichado enemigo. Cuando levante la vista vi como Devrin corría detrás de el orco restante que huía dando gritos de alarma. No tardó en alcanzarlo y darle muerte, pero un grupo mayor ya se había percatado de nuestra presencia y empezamos a correr hacia la colina.

Cuando llegamos los magos estaban desmontando la caja y Devrin me llamó aparte. -Zordan, tengo que darte algo- dijo mientras se desprendía la vaina de su espadón. -Toma, quiero que lo tengas tú, se que le darás buen uso, se que me darás tu palabra y que podre confiar en ella.-
-¿Qué estás diciendo?- pregunté, no sabía por qué preguntaba, conocía a Devrin, conocía su sentido del honor, sabia perfectamente de que hablaba, pero no podía admitirlo y estaba claro de que planeaba emprender un viaje al que no me permitiría acompañarle. -Soy el último de mi estirpe, nadie mas queda con mi sangre o la de mi familia, te doy esta espada que sera tuya y de tu familia, no podrás perderla u olvidarla y te servirá bien en el momento en que le encuentres un nombre apropiado- me tendió el espadón y yo lo empujé con rabia – ¡Voy contigo!- le dije. -No, esta vez no, debes asegurarte que cumplen con su labor- señaló a los magos, además hay alguien que te espera en el campamento- No pude rebatir sus argumentos, me invadió la congoja, no podía articular palabra. -Devrin, ¿qué haré?- en ese momento me sentía el hombre mas solitario de Toril -Salir adelante y convertirte en una gran persona- contestó con su cálida sonrisa volviendo a tenderme el espadón. Cogí el arma y descubrí parte de la hoja -Te doy mi palabra Devrin- La cola del fénix grabada en la hoja emitió un ligero destello y pude leer unas letras “palabra” -No, yo te doy tu palabra- me contestó. Permanecí allí quieto mirándole mientras llamaba a diez soldados para que le siguieran, después desenvainó sus dos espadas largas, dibujó una linea en el suelo miró atrás por ultima vez y se lanzó al combate. Aquel día murió Devrin Greycastle, aquel día murió uno de los hombres mas valientes y honorables que he conocido nunca.

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