lunes, 11 de mayo de 2009

No importa mi locura cuando la carne a desgarrar es la que amenaza sus vidas. No importa entonces el tirón salvaje de mis anhelos, no es crucial ni relevante.

Es algo que se espera, incluso. Se espera que el torbellino se desate en mí cuando la lucha empieza, cuando la sangre que mancha el suelo y se mezcla con la tierra es la nuestra.

La mente se nubla y de súbito la tormenta queda libre. Se ve con claridad...

Pero cuando la necesidad es propia y la barbarie que ejerzo les es indiferente porque no tiene que ver con ellos, temen. Y no hay por qué, mi hacha ya ha cortado las cuerdas que iban a asfixiar sus vidas en más de una ocasión.

Les preocupa porque no lo comprenden... Qué más da qué bebiera o cómo lo hiciese. Lo importante es que ya no tengo sed. Lo demás no es crucial ni relevante.

Y yo... Yo me siento más calmado porque ha pagado con su sangre la mía y la de mis compañeros.

La tierra, los olores, los sonidos y los corazones de todo, me envuelven y arrullan. Dormiré tranquilo y feliz, perdido en euforia.

El caballo cuyas riendas han sido cortadas.

martes, 21 de abril de 2009

Annetta Belgrim


Cómo una infesta cloaca llena de ratas está este fatídico mundo, la podredumbre, esa asquerosa putrefacción material, nos rodea a cada paso que damos. Iglesias corruptas, cleros impíos, gobiernos que no piensan más que en enriquecerse, hambre y dolor, dolor como el del niño que ha perdido a su madre por que un ejercito de orcos ha arrasado su aldea, dolor como el del guerrero que ha sacrificado a sus compañeros por una mala decisión. Ese es nuestro pan del día a día.

Cuando salí de la Gran Brecha lo hice ilusionada, era joven, estúpida y joven. Me embarqué en misiones en nombre de Clangeddin, defendiendo honor y justicia, difundiendo su palabra a los enanos marginados, separados del mundo y odiados por todos, a los humanos, reacios a conocer a los Dioses enanos, pero faciles de orientar gracias a su talento natural para el politeismo, aunque muchos de ellos anden perdidos toda su vida. También he descubierto entuertos, dolorosas confesiones de gente que ha matado por dinero o por comida, o solamente por diversión; escándalos dentro de las mejores familias... pero aun así, yo creía que este mundo aun tenía salvación.

Fue en Amn, a la edad de treinta y siete, cuando lo conocí a él, Marcus Redrog, un heraldo de la palabra de Clangeddin, siempre armado con su maza y su escudo, allí estaba cuando alguien lo precisaba, ayudando al más necesitado, a veces por unas pocas monedas de limosna y otras sólamente por la satisfacción de haber realizado una buena acción, yo le ayudaba, estaba ahí siempre, luchando codo con codo, sanando a los enfermos o dando de comer a los niños sin hogar, esa vida era la que yo deseaba, una vida en la que llenar mi existencia, el no ser una mera gota de rocío en un amanecer, confiaba en él como en un hermano, incluso cuando yo no lo necesitaba él me daba favores y ayudas que me animaban a continuar, pero era joven, joven y estúpida.

Un apoderado de la realeza de Amn nos encomendó una misión a Marcus y a mí, una tarea facil, solo teníamos que llevar una poderosa relíquia a las ruinas de un antiguo templo de una deidad ya olvidada por los mortales, y una vez allí, limpiarla y purificarla. El objeto de tremendo poder quedó a recaudo de mi compañero, el cual con su tono apacible de siempre, le dijo al noble que cumpliríamos la misión de forma rápida y concisa.

Nos dirigimos hacia nuestro objetivo un dia que jamás olvidaré, el cielo nublado en el horizonte, el sol, aún en verano, permanecia aletargado, dormido esperando el ser despertado por alguien. Un escalofrío recorrió mi espalda, cuando terminaba de ajustar las correas de mi armadura, aunque no le di importancia, Clangeddin nos protegía, siempre he tenido fé ciega en Él. Marcus se dispuso a iniciar el viaje rumbo a la morada de nuestra misión, en ese momento, mi corazón se aceleró, su voz sonaba ronca y seria, más profunda que de constumbre, tan intensa, que mi piel se erizó al oir mi nombre.

El camino hasta allí fue apacible y relajado, aunque algo no me dejaba concentrarme en lo que debía hacer, en todo momento estaba nerviosa, algo que no había sentido nunca estaba sucediendome. Cuando llegamos, Marcus descendió de su montura y se dirigió al interior de la estancia, entonces se despojó de su armadura, dispuesto a santificar ese lugar en nombre de nuestro protector, la misma sensación que cuando lo vi antes de iniciar el viaje inundó mi alma, mis pulsaciones se aceleraron, mi respiración empezó a entrecortarse, un sudor frio emanaba de mi frente, yo sabía lo que tenía que hacer, me acerqué decididamente a Marcus y con voz seria le dije lo que sentía, él, estupefacto, se echó a reir y me empujó, yo empuñé mi hacha, y justo antes de asestarle con el filo en la sien, un rayo proviniente del cielo cayó directamente encima mio, dejandome cegada por instantes, tenía razón, aunque no quería creerlo, ya no era el bondadoso y puro Marcus que yo conocía, si no una nueva personalidad malvada y cruel estaba en el lugar de mi compañero y mentor. No quería creerlo, en ningún momento quise, sólo quería pensar que mis sentimientos al concentrarme en Marcus fueran otros, no los que empecé a percibir.

Mi hasta ahora compañero invocó unas criaturas mitad demonio, mitad animal, mentando a esa Diosa que le había contaminado, a las cuales destruí sin mucha dificultad, pero cuando hube acabado con ellas, Marcus había marchado para siempre, dejando atrás una estela de dolor en mi alma, el dolor de perder a la persona que más me importaba. Cuando volví a Amn, me enteré que el tal apoderado jamás había existido y que el templo de Clangeddin había sido saqueado la noche anterior.

Desde entonces han pasado diez años, en los que he perseguido la senda de Marcus y he tratado de buscar el lugar donde se encuentra el culto a esa maldita Diosa, aunque solo he encontrado corrupción, mentiras y traiciones, gente que te vendería por unas míseras monedas de plata y gente que juega con tu confianza. La última pista me ha llevado al Mesón del Brazo Amigo, ahora sólo tengo que encontrar un grupo que esté dispuesto a ayudarme y a acompañarme a Aztakla.

Me llamo Anetta Belgrimm, y en nombre de Clangeddin, debo conseguir un mundo mejor.

miércoles, 8 de abril de 2009

problemas habemus....

Hoy al salir de la fortaleza de Helm Trogg y Zordan han querido desviarse del camino, sin dar razones. No les he puesto problemas, y les he acompañado como siempre, pueden dar por hecho que les acompañaría al mismo infierno, pero algo me extraña en ellos últimamente. Hemos llegado a un pueblo envuelto en la bruma, con una torre que sobresalía al fondo. En principio nada que llamase la atención, pero han insistido en explorarla, tampoco me considero quien para discutir, siempre apoyo a mis compañeros y si Zordan, que es el que más prisa tiene de todos ha tirado para adelante pues alli hemos ido los demás. Ha habido alguna queja de los demás, pero les hemos convencido para seguir, hacer una pausa de cuando en cuando para explorar una torre vacía no está mal, verdad? Pues está fatal cuando la torre está llena de trampas, y para colmo custodiada por engendros vampíricos. Tenía que haber olido a esos aprendices de vampiro nada más entrar en la torre, pero no sé por qué no sentía la presencia de mi Señora Tymora con tanta intensidad dentro del pueblo como estoy acostumbrado. Seguro que mis poderes estaban mermados, no he dado pie con bola, y para colmo me dolía la cabeza. A pesar de que instintivamente he apartado la mirada de los ojos de esas criaturas, no he sido capaz de avisar a tiempo a mis compañeros. Vaya líder estoy hecho, será mejor que le deje el puesto al estirado.
Tampoco he reaccionado a tiempo para socorrer al pobre Gallidix, al que han dejado seco como un trapo tendido en el suelo. Encima ni siquiera he sido capaz de darle descanso a su cuerpo, pues se ha levantado como uno de ellos antes de que pudieramos reaccionar. Su cara reflejaba auténtico odio hacia nosotros por haberle abandonado a su suerte. Hoy ha muerto un gran gnomo, chapuzas y excéntrico como todos los de su raza, pero un amigo leal, y le lloraré durante varios dias, espero que podamos acabar con su engendro y darle paz a su alma, pues esta vez no nos hemos atrevido a atacarle, y una expulsión mia le ha hecho huir. Y para colmo de males casi termina con nosotros un mimeto. Un mimeto, ni más ni menos que un mimeto, espero que ninguno de mis compañeros se vaya de la lengua sobre este incidente en la taberna, seríamos el hazmerrerir toda la noche.

En la taberna las cosas no han mejorado. Algo pasa entre nosotros, me he dado cuenta en combate de que cada uno iba a su bola, pero despues de ver la discusión que ha estallado entre nosotros pienso que es solo la punta del iceberg. Trogg me oculta algo, y tambien Brempa y el estirado, están actuando muy raro últimamente. El detonante de la discusión ha sido una joven paladina, quien con bastante gracia y bastante poco tacto ha pedido acompañarnos, yo la hubiera admitido inmediatamente, está buena incluso para ser enana, pero las desgracias sufridas ultimamente hacen que algunos de nosotros desconfíen incluso de una persona que emana tanta bondad. Trogg incluso ha desafiado mi autoridad, que desfachatez, a un líder se le puede cuestionar en privado, pero nunca ante extraños. En fin, a ver que pasa, Zordan ha propuesto ponerla a prueba, hablaré con él a ver que se le ocurre, aunque siendo paladina en mi opinión basta con pedirle un juramento de lealtad. Basta y sobra, a ver que paladín se atreve a romper la palabra dada por juramento sobre su señor. Pero en fin, si mis compañeros no están contentos, habrá que despejarles las dudas. Y con ese bárbaro ya hablaré en privado, le pase lo que le pase no es razón para tocarme las pelotas lo que me las ha tocado desde que salimos de Azhkatla.

jueves, 2 de abril de 2009

Vida de Zordan Colt (III)

Partimos siguiendo la ribera del río. Los magos cargaban con sendas cajas de madera lacadas en negro marcadas con distintos símbolos arcanos, parecían pesar bastante y las llevaban bien aseguradas a la espalda con correas. Caminamos durante un largo trecho, hasta que llegamos al linde de la zona arbolada. Los magos empezaron a leer pergaminos y a conjurar sortilegios en algunos de los árboles por los que pasamos. Si el plan funcionaba y los orcos pasaban por aquí estos árboles estallarían en llamas. Llegamos hasta la primera columna de piedra sin muchos problemas y los magos comenzaron a trabajar. Abrieron una de las cajas que llevaban y sacaron una tierra negra que esparcieron por toda la base de la formación rocosa, después dispusieron las piezas de la caja con los símbolos formando una cruz y recitaron un conjuro.
Tardaron mucho rato y los hombres empezaban a ponerse nerviosos. Para pasar a la otra columna de piedra, mas al sur disponíamos de la alta vegetación y la bruma que se había levantado del río, pero esa neblina no duraría eternamente, de hecho desaparecía a ojos vista conforme avanzaba la mañana. El camino hacia el sur fue mas complicado, podíamos oír a los orcos a pocos metros de donde estábamos y nuestro objetivo parecía inalcanzable, íbamos casi arrastrándonos, metíamos hierba húmeda en los huecos entre las placas de la armadura para que no hiciese ruido al caminar.

Cuando ya veíamos la base de la pequeña colina escuchamos voces orcas mas cercanas y nos quedamos quietos. Creo que alguno de los soldados intento dejar de respirar. Las voces se acercaban mas y no podíamos distinguir de donde procedían. Yo maldecía en silencio viendo tan cercano nuestro objetivo. Devrin desenvainó con sumo cuidado una de las espadas largas que llevaba, apenas se escucho el susurro del acero, pero se hizo un silencio gélido que nos congelo a todos en el sitio. Escuchamos los pasos acercarse pesadamente pero con cautela. Desnudé mi acero y los soldados siguieron mi ejemplo, los magos se tiraron al suelo, estaban en el centro de la formación de modo que no corrían mucho peligro de recibir un ataque directo. Devrin me hizo un gesto con los dedos, cuatro orcos se dirigían hacia nosotros desde el este, intentaríamos hacerles pasar de largo y matarlos en silencio. Indique a los soldados que se tumbasen y pusiesen sus armas en posición. Los orcos nos vieron antes de poder intentar escondernos, el primero que nos avisto intento darse la vuelta para gritar, pero la hoja de Devrin emergió de su pecho salpicando la hierba de negra sangre. Lo demás paso muy rápido. Al vernos descubierto di la orden de correr hacia adelante, para cuando los soldados se levantaron y los orcos se dieron cuenta de lo que pasaba ya solo eran dos, pues un segundo cadáver yacía en el suelo con la garganta seccionada. Mi espada se encontró con la armadura de cuero de uno de los orcos pero con un segundo empuje la atravesó y deshinchó un pulmón del desdichado enemigo. Cuando levante la vista vi como Devrin corría detrás de el orco restante que huía dando gritos de alarma. No tardó en alcanzarlo y darle muerte, pero un grupo mayor ya se había percatado de nuestra presencia y empezamos a correr hacia la colina.

Cuando llegamos los magos estaban desmontando la caja y Devrin me llamó aparte. -Zordan, tengo que darte algo- dijo mientras se desprendía la vaina de su espadón. -Toma, quiero que lo tengas tú, se que le darás buen uso, se que me darás tu palabra y que podre confiar en ella.-
-¿Qué estás diciendo?- pregunté, no sabía por qué preguntaba, conocía a Devrin, conocía su sentido del honor, sabia perfectamente de que hablaba, pero no podía admitirlo y estaba claro de que planeaba emprender un viaje al que no me permitiría acompañarle. -Soy el último de mi estirpe, nadie mas queda con mi sangre o la de mi familia, te doy esta espada que sera tuya y de tu familia, no podrás perderla u olvidarla y te servirá bien en el momento en que le encuentres un nombre apropiado- me tendió el espadón y yo lo empujé con rabia – ¡Voy contigo!- le dije. -No, esta vez no, debes asegurarte que cumplen con su labor- señaló a los magos, además hay alguien que te espera en el campamento- No pude rebatir sus argumentos, me invadió la congoja, no podía articular palabra. -Devrin, ¿qué haré?- en ese momento me sentía el hombre mas solitario de Toril -Salir adelante y convertirte en una gran persona- contestó con su cálida sonrisa volviendo a tenderme el espadón. Cogí el arma y descubrí parte de la hoja -Te doy mi palabra Devrin- La cola del fénix grabada en la hoja emitió un ligero destello y pude leer unas letras “palabra” -No, yo te doy tu palabra- me contestó. Permanecí allí quieto mirándole mientras llamaba a diez soldados para que le siguieran, después desenvainó sus dos espadas largas, dibujó una linea en el suelo miró atrás por ultima vez y se lanzó al combate. Aquel día murió Devrin Greycastle, aquel día murió uno de los hombres mas valientes y honorables que he conocido nunca.

miércoles, 1 de abril de 2009

Vida de Zordan Colt (III)

Capitulo III

Cuando llegamos al supuesto fortín descubrimos que no era tal, sino una débil empalizada que protegía unos grandes atriles de madera que soportaban sendas catapultas y balistas. En el campamento nos enteramos de que los orcos tras tomar el paso montañoso habían marchado durante toda la noche hacia el norte para atacar por la retaguardia al grueso de las tropas de Amn y ahora se reunían a unas millas del puente que cubría la empalizada.

Algunos exploradores informaron que el campamento orco crecía cada hora y que teniendo en cuenta las tropas dispersas por el territorio que se dirigían hacia allí tardarían un par de días en hacer un ataque definitivo.

El oficial de mayor rango, el Lord mariscal Brant, pidió la evacuación de la ciudad y reunió a los que nos encontrábamos en el campamento. -Dentro de dos días es probable que todos nosotros enfrentemos la muerte,- dijo -no quiero llevar a nadie a tan negro destino sin que pueda afrontarlo con dignidad, se que hoy os consideráis fuertes y con valor para enfrentar lo que venga, la mayoría de vosotros no habéis visto batalla, pero se que flaqueareis. Algunos tembláis ya, solo de pensarlo. Por eso os digo, marchaos, aquellos que tembléis ahora, los que no tengáis la certeza de que merece la pena el sacrificio, marchad lejos, pero id pensando en esto: La evacuación de la ciudad, la huida y salvación de mujeres y niños depende de todos vosotros. Se que no veis esperanza alguna, pero el valor y el corazón de los hombres es lo que forja esa esperanza si no tenéis el coraje para forjar esa luz el futuro sin duda es oscuro. Os pido pues, que marchéis o luchéis hasta la muerte por que el futuro sea brillante, si no para nosotros, si para aquellos que esperan tras este puente.- tras decir esto se retiró. Cerca de tres mil soldados nos mirábamos unos a otros sin saber bien que hacer o que decir. -¿A qué esperáis?, esta empalizada no va a levantarse sola- todos nos giramos siguiendo la voz y allí estaba Devrin intentando levantar uno de los troncos que había en el suelo destinado a reforzar el muro de madera. Sin dudarlo corrí a ayudarle y después poco a poco todos los demás se fueron uniendo. No se si alguien abandono el campamento aquel día, pero los que nos quedábamos sabíamos que dos días después nos enfrentaríamos con casi ocho mil orcos.

Durante los dos días antes de la batalla en los pocos momentos de descanso que tuvimos hablé mas con Daenerys que con Devrin, y las pocas veces que hable con mi amigo, el tema de conversación era Daenerys, él decía que no debía dejarla escapar, que seria una buena mujer y que se podía ver desde lejos que había amor entre nosotros. Devrin se maravillaba por ello, decía que su lejanía de la especie le hacia sorprenderse de que incluso en un momento de futuro tan incierto y casi sin esperanza pudiese surgir algo como aquello, aquello, decía seria lo que nos haría vencer en aquella guerra, los humanos persistiríamos hasta el fin de las eras.

Y llegó el día, no fue de improviso, ni sin avisar, los vimos venir, aunque algunos aun albergaban el sueño de que no llegarían nunca, ahí estaban. Una gran mancha sobre la tierra, estandarte negros con símbolos rojos distinguían los diferentes clanes, en otro tiempo esas banderas se enfrentaban unas a otras sin razón aparente, ese día buscaban nuestra muerte.
Devrin se acerco a mi, llevaba en la mano a “Honor” su espadón, -vamos a ir allí- dijo señalando el ejercito orco. -¿Ves aquellas columnas de piedra?- era imposible no verlas, ademas las conocía de antes, una de ellas daba pie a una colina baja que conducía a la parte alta del paso de montaña que habían tomado los orcos hacia unos días, la otra se encontraba justo enfrente, debió ser, hace muchísimo tiempo parte de una montaña, pero el rió fue cortándola hasta dejarla como una columna de piedra informe azotada por los vientos que poco a poco acabaron de esculpirla como tal – los orcos van a intentar pasar por en medio y nosotros vamos a escoltar a dos magos para que las derriben encima de ellos. Con suerte acabaremos con unos cuantos y con mas suerte aun los retendremos lo suficiente para que lleguen los refuerzos de Diezciudades y después los buques de puerta de Baldur.- Seguí mirando durante un rato las dos masas de roca, el plan era muy solido, y desconcertaría a los orcos ya que no podrían escalar las rocas que cayesen en su camino tendrían que ponerse de acuerdo para ir por un lado u otro o dividirse con lo que podríamos luchar contra una sola fuerza mas igualada con nuestro numero mientras la otra se quedaba trabada con el fuego de los magos en la orilla del rió. -¿De cuántos hombres dispondremos?- pregunté. El plan era muy bueno, pero suicida para los que lo acometiesen, yo no dudaba en seguir a mi amigo, pero sentí temor, temor por no volver a ver a mi amada Daenerys. -doce y los dos magos, partimos enseguida-
Volví la vista hacia Devrin -¿no tenemos tiempo?- mis ojos buscaron en el patio la tienda que se había instalado para atender a los heridos. Devrin puso su mano en mi hombro – lo siento, pero no puedo permitir que te despidas, debes volver para cuidar que no le pase nada hasta que lleguen los refuerzos, nos vamos ya- . Miré a Devrin sonreí y nos pusimos en marcha. Mi pensamiento vagó alrededor de una joven que rasgaba linos para preparar vendas en una tienda del patio.

(continuará)

miércoles, 25 de marzo de 2009

Vida de Zordan Colt (II)

CAPITULO II

Fuimos derrotados en el paso y a mi me dieron por muerto. Las fuerzas defensoras de la ciudad habían sido cogidas entre dos frentes. Fue una carnicería, las bajas fueron incontables y los pocos supervivientes se vieron obligados a retirarse hacia el norte.

Desperté unos días después de la batalla del paso, me encontraba en una camilla y una bella joven me observaba. También estaba mi amigo Devrin, por lo que me contaron después, mi amigo y los pocos hombres que sobrevivieron a la batalla esperaron cerca del paso y volvieron para buscar supervivientes, me encontraron vivo de milagro, no albergaban muchas esperanzas respecto a mi recuperación, sin embargo se resistieron a dejarme morir allí e iniciaron camino intentando rodear el grueso de las fuerzas orcas hacia Akathla. Decidieron ir por el norte, era el camino mas peligroso, pero el mas rápido y el único que me ofrecía la oportunidad de vivir. Caminaron conmigo a cuestas durante mucho rato, entre los arboles les era mas difícil, pero había mucho movimiento de pieles verdes alrededor. Me dieron por perdido cuando encontraron una patrulla orca muy numerosa, no podían enfrentarlos para cruzar hasta el camino y no podían salir a campo abierto, uno de los soldados dijo que intentaría crear una distracción, pero mientras decía eso una lluvia de flechas derribo a un gran numero de orcos. El resto se levantaron sorprendidos pero apenas tuvieron tiempo de reaccionar, una segunda andanada derribo a la mayoría y el resto huyeron desperdigados por el bosque. Un grupo de hombres y mujeres con armaduras de cuero empezaron a surgir entre los arboles, había varios abanderados que portaban estandartes de Diezciudades, Devrin me miró y vio en mis sudores y espasmos la sombra de la muerte, así que decidió salir a campo abierto rindiendo a “Honor”, su espada, a cambio de auxilio para mi.

Los recién llegados pidieron a Devrin que se levantase y le explicaron que eran una avanzada de las milicias libres de Diezciudades que venia a ayudar en la guerra contra los orcos, al parecer vieron las teas de la batalla del paso y se separaron de la fuerza principal sacando les de tres a cuatro días de ventaja. Con ellos viajaba una curandera de gran talento, Daenerys, de la que puede decirse que salvó mi vida, en mas de un sentido.

La llegada de los refuerzos se antojaba una luz en el horizonte de tan oscuro destino, había noticias en la ciudad de que algunos buques habían partido hacia poco de puerta de Baldur con tropas para ayudar en la defensa de la capital, pero tardarían al menos una decana en llegar y seria demasiado tarde.

Daenerys resultó ser una curandera excepcional y al día siguiente de despertar ya pude ir a caballo con el resto de los hombres evitándoles una pesada carga y facilitando en gran medida el transito por los bosques. No tardamos en dejar la arboleda atrás y llegar al río. Desde allí, río abajo, hacia el sur pudimos ver un fortín de madera con gran ajetreo de soldados en su interior.

lunes, 16 de marzo de 2009

Ah, la voz del maestro amable. Su meliflua atención, su amor y aprecio hacia sus hijos y discípulos. El maestr que si me considera digno me hará capaz de vengar la muerte de mi madre, y podré traerle noches sin miedo al hombre que me adoptó, me crió, y me llamó hijo.

Sí, el hermoso maestro que desde su imponente trono me mira y me ofrece parte de sí mismo otra vez y dice que se halla contento por mi esfuerzo. Es honorable, no tiene reparos en resaltar la sinonimia entre Justicia y Venganza.

El sabio maestro. El sabio maestro guardián inmortal de todas las noches desde que el tiempo es tiempo y los hombres, los hombres sin más en su carne que será ceniza, comenzaron a escribir su historia. El maestro que comparte su sabiduría conmigo.

Ah, la voz y el tacto, etéreos ambos, del maestro que despiertan mis sentidos, que me están liberando y me muestran un sendero de una vida que de otro modo no podría haber encontrado jamás.

Una vida que, además, me permitirá velar por mis compañeros de viaje. Solo que ahora, seguramente, con mayores garantías. Sin embargo algo me apena, y para mi sorpresa he encontrado lo mismo en los ojos del compañero que porté al hombro mientras yacía inconsciente.

Pero no hay problema. Sé que podremos ayudarnos, y encontraremos una forma de superar aquello que sea que pueda estar atormentándonos. Me contagió parte de su tristeza cuando vio cómo los dos espadones que tocó se quebraban en el aire... Parecía su alma misma la que se hubiese roto, todo lo que fue.

Espero que de verdad los enanos sean tan valientes como dicen. Nos va a hacer falta a ambos, eso es algo evidente. Igual que lo son otras muchas cosas...

Vida de Zordan Colt

He observado en nuestros pocos momentos de asueto, que mis nuevos compañeros se dedican a garabatear en pequeños pergaminos crónicas y memorias de sus viajes y andanzas. No creo que sea un legado digno de recordar, pero será un legado al fin y al cabo, por lo que he decidido seguir su ejemplo, solo que yo empezaré desde el principio...


CAPITULO I


Nací en Akathla, la guerra estaba demasiado cerca de las tierras de los Colt por aquel entonces y toda la familia residía en la ciudad, aun así, todo el dinero y renombre de la familia no pudo pagar una matrona que evitase la enfermedad y la posterior muerte de mi madre cuando yo apenas contaba dos años de edad. No puedo decir que tuviese una infancia feliz, pero no me faltó de nada, viví idolatrando a mi hermano mayor que se desvivía por evitarme los malos encuentros con mi padre y al cuidado de mi hermana y una tata sorda y vieja que se pasaba la mayor parte del tiempo dormida.

Mi hermano es casi nueve años mayor que yo, así que le he tratado poco, pero recuerdo que siempre fue con cariño, mi hermana, Brienne, me llevaba casi cuatro años y cuido de mi cuanto le fue posible.


Cuando cumplí los seis años empecé a estudiar en el templo, leer, escribir, esas cosas... allí conocí otros hijos de nobles de mayor o menor alcurnia, pero de todos ellos puedo recordar a cuatro, tres de ellos buenos amigos y el otro, a mi parecer la persona mas vil que he conocido. Ser Barristan, lord caballero de la orden de Tyr fue uno de ellos, una persona admirable, con unos sólidos valores y un sentido del deber incalculable, fue un héroe reconocido en las campañas del norte. Yo lo recuerdo como un niño simpático y de trato agradable, que participó en cualquier aventura que se nos pudiese ocurrir. Aliston Thorne fue el tercer compañero siempre nos cubría las espaldas y estaba especialmente dotado para trepar a los árboles y hacer enfadar a los monjes del templo, es irónico que poco después de terminar sus estudios se proclamase clérigo de Lathander. El cuarto miembro de nuestro grupo era Dereck Reane, ultimo hijo de una casa menor, muy inteligente y sumamente preparado para cualquier cosa que se encontrase de frente, después de dejar el templo le perdí un poco la pista, se que por algún motivo mientras estaba en campaña en el norte, renegó de su apellido y adoptó el de Shadowalker, poco después abandonó el ejercito de Amn y partió hacia el Anaurokh, no he vuelto a saber de él, pero espero que esté bien...

Aquel que solía entrometerse en nuestras aventuras y desbaratar todas ellas si podía conseguir el favor de los monjes era Paul Margrell III, un creído insolente, hijo de la segunda familia de Akathla, después he mantenido cierto contacto con él, ya que fue mi oficial mientras estuve en el ejercito, o al menos la mayor parte del tiempo.

No hay mucho mas que destacar de mi época de estudiante, si acaso que tuve una, algo poco habitual en estos tiempos, de todas maneras en mi cabeza siempre estuvo el pensamiento de emular las hazañas de mi hermano, seguirlo al norte y llevarme a Brienne conmigo, Barristan y Dereck lo consiguieron, yo no.


Cuando termine mis estudios entre en el ejercito regular de Amn. Seguí la instrucción como bien pude, pero era desastroso con un escudo en las manos, ese trozo de madera que tapaba la visión e impedía imprimir fuerza a los movimientos con la espada me suponía un obstáculo insalvable y hacia que mi padre se avergonzase mas aun de mi. Dervin Greycastle, un tipo extraño de tez pálida cabellos rubios, mas alto de lo normal y con unos ojos profundos como el océano me fue de gran ayuda para superar el entrenamiento, en gran medida enseñándome trucos para evitar que el escudo fuese un peso muerto para mi, a él tampoco le gustaba el escudo y en los ratos libres practicaba con un gran espadón en un patio trasero que no era frecuentado por los oficiales. Me explicó que aquel espadón era un artefacto de gran poder y que llevaba milenios en la linea de sangre de su familia y que él seria su último portador. Me dijo que para él aquel arma tenia un nombre “honor” por la inscripción que tenia en la hoja justo en la cola de un gran fénix lacado a fuego con tonos bronce cuando miré no pude ver ningún texto y me dijo que eso era por que mi destino no se había escrito todavía... Dervin no era muy bien visto por algunos soldados, que lo llamaban hijo de forastero, era una forma suave de decir ajeno, ya que tiempo después descubrir que mi buen amigo era medio Asimaar. Por aquel entonces no sabia que significaba y tampoco le di gran importancia, para el resto podía ser lo que fuera, para mi era mi amigo. Finalmente termine mi instrucción, gracias a la ayuda de Dervin, cuando la guerra con los orcos en el este de Akathla daba sus últimos coletazos y fui destinado allí.


Allí, en el este, cerca de las tierras de mi familia, participe en mi primera batalla, que casi me cuesta la vida. Nuestra patrulla acampó en un pequeño prado al lado de un altiplano y rodeado de arboledas, era el lugar ideal para recibir una emboscada, pero nuestro oficial, Paul Margrell III, seguía siendo un pomposo insufrible que lo único que quería era alejarse lo máximo posible de la fuerza enemiga el máximo tiempo posible. Habíamos caminado durante horas hacia el sur, alejándonos del grueso principal y dejando a nuestras espaldas un pequeño paso montañoso... Los orcos llegaron por sorpresa, eran muchísimos, salían de debajo de cada piedra, de detrás de cada árbol, Paul, en cuanto tuvo ocasión salio al galope hacia el paso montañoso, el resto de nosotros hicimos lo mismo pero mucho mas tarde. Dervin y yo eramos los únicos nobles que quedaban en la patrulla tras la marcha de Paul y el resto de los soldados nos miraban con desesperacion, como si su vida estuviese en nuestras manos. Mi amigo luchaba con brío a mi lado, pero estaba claro que si no hacíamos algo íbamos a morir todos allí aquel día. Le dije a Dervin que se alejase con arqueros en dirección al paso de montaña, ordené a unos cuantos hombres que vaciasen los odres de aceite cerca de los arboles que se encontraban a nuestra espalda y después retrocedimos buscando cubrirnos entre los gruesos troncos para evitar la superioridad numérica del enemigo, cuando la retirada estuvo lista prendimos fuego al aceite y emprendimos la huida con los arqueros que comandaba Dervin guardándonos las espaldas del torpe avance de los orcos entre las llamas. Para cuando salimos del claro mas de la mitad de nuestras fuerzas habían caído. En el paso la cosa mejoro un poco, el sitio era estrecho y eso igualaba un poco la proporción de combatientes en ambos bandos, pero poco a poco nos quedábamos sin fuerzas, compañeros de la segunda fila sustituían sus lanzas por espadas para poder relevarnos en el frente, pero no aguantaríamos mucho mas. Mi vista buscaba a nuestro oficial en aquella carnicería, pero no lo encontraba por ninguna parte, los hombres me miraban esperando una orden como las que había dado en el claro y decidí que alguien debía pedir refuerzos, si una fuerza de caballería conseguía cargar contra los orcos desde el altiplano podríamos diezmar mucho las filas enemigas y nos daría pie a una retirada, ya que la victoria parecía imposible. Busque a una compañera que era una gran jinete y le envié al fuerte lo mas rápido posible. Cuando gritaba mis ultimas palabras noté el mordisco del acero en mi pecho, apenas pude ver la enorme lanza que se introducía en mi costado derecho, el resto estaba todo rojo y... la verdad es que no recuerdo mucho mas.

miércoles, 11 de marzo de 2009

vaya viajecito

Al final decidimos ir a Puerta de Baldur por mar. Acordamos contratar los servicios de un marino experto para que nos llevara sanos y salvos hasta allí, pero desde que subí a bordo incluso a mí me ha dado mala espina, esos $&%G%&R%$ dictadores de Azhkatla ni siquiera permiten a los barcos de paso hacer las labores de mantenimiento, y este de seguro debería haber pasado por el dique seco. Como líder del grupo (en buena hora me ofrecí) me presenté al Capitán, que está encantado de tener a un representante de Tymora a bordo, aunque no por ello deja de cobrarnos la tarifa adecuada. Pff debería haber negociado mejor, vistos los percances que hemos sufrido desde entonces casí debería habernos pagado por tenernos a bordo. Alguien contrató el pasaje para dos cajas que contenían a dos bestias trémulas vivas, por supuesto con alimento, pero sólo para la mitad del viaje, cooomo no, además se "olvidaron" de avisar del contenido de las cajas al capitán, como tambien se "ahorraron" el reforzar las cajas con unos buenos barrotes. El resultado fue que se comieron al caballo de Zordan, y casi hacen lo propio con nosotros. No he hablado con Zordan desde entonces, parecía contento por haber sobrevivido, pero sé el cariño que le tenía a tan noble bestia. A quien tampoco he vuelto a decir más de dos palabras seguidas es a ese idiota de Trogg, aunque como camarada pueda comprender su frustración contra mí por el fallo de mis conjuros, la blasfemia que ha cometido para mi señora es muy grave, y sé que mi señora no va a perdonarle así como así aunque yo lo haga. Gracias a la buena fortuna, no hemos tenido casi ningún mal encuentro en alta mar, tan solo unos trolls marinos que nos costaron la vida de un marinero, pero era casi el mejor final para el combate
No quise sospechar de más trampas; "Tymora proveerá" me dije, pero la cuarta noche nos hemos despertado tosiendo por el humo. Abro los ojos un poquito, luego como platos, mi camarote se está prendiendo fuego. "Hmmm, que raro..." las llamas no despiden calor alguno "El fuego es una ilusion?" me digo, pero salto de la cama y voy a por mi equipo, si alguien ha conjurado una ilusión tan amenazadora sobre el barco es porque van a atacarlo en cuanto cunda el pánico, tal vez debamos abandonarlo. Abro mi cofre, cojo con cuidado mi petate y hago un bulto junto con mi armadura, embrazo mi escudo y cojo la maza "mierda, me faltan manos", me veo obligado a dejar mi ballesta allí, espero no necesitarla mientras repelemos el ataque, si las cosas van bien aquí estará cuando vuelva, pero si van mal... pues por lo menos mi petate y mi armadura vienen conmigo. Salgo al pasillo y me lo encuentro como esperaba, caos total. tengo un encontronazo con Sapphira, que está haciendo lo posible por despertar a los que siguen dormidos. Me aseguro de que todos están dispuestos para repeler el ataque y subimos a la cubierta. Ni timonel, ni marinos cuidando las velas... y para colmo el viento nos arrastra contra el arrecife, y las olas van contra el viento. "¿pero esto qué es?" mis compañeros se abalanzan sobre las velas y el timón desesperados, me corresponde a mí discernir entre la ilusión y la realidad, trato de calmarme y de ver la realidad que la magia me está negando, si consigo averiguar que es lo que falla y comunicarselo a mis compañeros podremos hacernos cargo del problema real. Mientras, ellos consiguen arriar las velas y detener el barco antes de que choque contra el arrecife, bueno, la fortuna también ha ayudado, tendré que hacer una ofrenda a mi señora más adelante. La segunda de a bordo sale del camarote del capitán con el gesto compungido portando su arma y una reliquia rota "El capitán ha muerto, y algo me impide despertar a mis compañeros!, Abandonamos el barco!" El bote desciende, mientras yo todavía no tengo claro qué narices es lo que falla, hasta que un trozo del palo mayor me cae encima, aunque el fuego no parece real algo está deshaciendo literalmente el barco. por suerte me ha golpeado donde cargaba el petate con la armadura, y no me ha hecho demasiado daño, ya van dos las que le debo a mi señora esta noche. Alcanzo a mis compañeros y ayudo a la joven marinera a guiar el bote a tierra "¿Como habrá llegado esta joven a ser la segunda de a bordo?" la verdad es que no me había fijado hasta ahora en ella, su piel está morena y curtida como la de un hombre, pero la figura desde luego la tiene de mujer, jeje, además la cara y los ojos son bastante agradables. De la costa alcanzamos el camino real sin problemas, y la vista de la posada (aunque sea de las caras) nos anima bastante. Sherezade, la marinera, ha debido pasarlo peor de lo que imaginaba, se ha desmayado durante el camino y he tenido que cargar con ella (Jejeje) pero nada más entrar ha recuperado la consciencia, y todos hemos sentido como la fatiga se desvanecía

lunes, 16 de febrero de 2009

que bien se duerme en la cama de uno jejejejeje

La visita recibida no era de quien esperaba. Merian se me ha lanzado al cuello en cuanto he abierto la puerta. Que muchacha más adorable, hace tan solo dos semanas verla me hubiera llenado de felicidad, pero hoy me siento vacío al verla, incluso cuando después del abrazo inicial se empieza a desnudar lentamente. No giro la cabeza, precisamente, ni tampoco desaprovecho lo que se me está ofreciendo en bandeja.

Pero mi vacío no se llena, es más bien al contrario, algo en mí se ha vaciado más. Esperaba a otra persona, y hoy no me siento capaz de corresponder al amor y la pasión entregada de Merian. Algo ha notado, y se ha empeñado en marcarme con sus uñas, pero no hay marca capaz de reemplazar la que llevo con pesar en el corazón. Me pide que le deje quedarse conmigo en mi celda, que estando conmigo durante la crisis se sentirá más segura y yo acepto, pero... ¿se lo puedo prometer? Mi idea era dejar el templo para poder ayudar a mis amigos mientras se resuelve la crisis, pero si hago tal cosa el templo no la protegerá. Le cuento mis dudas al maestre, me comprende, pero la decepción brilla en sus ojos, incluso aunque sea el peor miembro de todo el clero de Amn necesita mi ayuda. Voy a sacarle brillo a la estatua de Tymora a cabezazos, no puedo dejar de lado el templo ni a esa chiquilla, aunque lo que siento por ella ahora sea una mera sombra de lo que siente por mí, seré un hombre, me quedaré al pie del cañón, aunque me pongan a un chalado encapuchado echándome el aliento en la calva mientras trabajo, aunque se acerque peligrosamente a mi culo aceptaré lo que sea. Voy a mi habitación a echarle otro a Merian.

Por la tarde en vez de un escolta han venido dos, con sus escoltas, dos golems enormes. Nos dicen que Todo uso de la magia en Azhkatla queda estrictamente prohibido, ¡Incluso para salvar vidas! Ante mis preguntas solo dicen: si se muere alguien es que era su destino. Paparruchas, no me creo una palabra de lo que dicen de que la magia interfiere en esa brecha, habrá que cerrarla como sea, creo que voy a hablar con Zordan a ver si se le ocurre una forma de arreglar este desaguisado por nuestra cuenta. Si muero combatiendo a su lado seré feliz, será la única manera de compensarle por lo que he hecho. Buah ya me he cabreado, Voy a mi celda a echar otro a ver si me calmo. No, si al final va a ser buena idea esto de tener novia jeeejeje